“Los árboles son sin lugar a duda mi sujeto preferido; para mí son el símbolo de la vida”. De esta manera Giuseppe define el elemento que más de cualquier otro lo está inspirando en estos últimos diez años de actividad fotográfica.

Árboles contorneados, ancestrales, coloradísimos o al revés, solitarios y silenciosos. Todas características que quizás pertenecen también a quien los ha fotografiados; Giuseppe a ellos recurre para una especie de meditación que alcanza tonos místicos. Retratados en lugares diferentes, esta “collección” incluye arboles seculares, normalmente aislados o solitarios. Dominan el espacio desde una altura o una colina, parecen observar la ciudad y los humanos desde lejos, imperturbabiles a pesar de las dificultades y de las agresiones. Los encuadres elegidos subrayan justo esta fuerza que los árboles encierran; las tomas desde el bajo o los detalles que llevan nuestra atención a las huellas de su lucha contra el tiempo y las asperezas.

Desde las imágenes más complejas, realizadas solapando digitalmente la imagen con el escaneo de virutas y otros rastros encontrados a los pies de cada árbol, se pasa a imágenes en las que se revela un sentido de inquietud y duda, para finalmente llegar a la sencillez minimalista de un pinar de Castilla y León. Estas últimas imágenes parecen en blanco y negro pero realmente son imágenes en color, totalmente naturales, en las cuales la escarcha envuelve el todo, creando una atmosfera evocadora y de otros tiempos.





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